January 11, 2007

Puto jueves.

Creo que tengo serios problemas. Como le decía a Millhouse hace rato, para mi, desgraciadamente, no hay puntos medios. O estoy muy de buenas o muy de malas. O amo mi trabajo o lo odio. Así soy con todo, y cuando se trata de mis relaciones personales, o todo está estupendamente bien o está asquerosamente mal, no hay de otra. Y cuando entro en crisis, empiezo a ver y a pensar cosas de más. Cuando alguien (con el que sea que esté) hace algo mal, algo que no me parezca, algo que me desespere; entonces mi cerebro empieza a correr a mil por hora y es cuando viene la crisis; porque él ya no se ve tan perfecto. Ya no me gusta tanto. Ya me da weba aguantarle cualquier cosa. En pocas palabras, ya empezó a valer madres todo. En las primeras etapas de la crisis, comienzo a pensar cosas como "Sí, la cagó, la está cagando. Pero quizás se de cuenta y lo arregla; seguro ahorita me manda un mensaje o me trae un dulce o me escribe un post-it..." A veces, en mis sueños más guajiros, pienso que quizá podría mandarme flores o un detallazo del estilo que inmediatamente borraría todos sus errores. El pedo es que no, casi nunca se dan cuenta y por lo tanto el mensaje, el dulce y el post-it nunca llegan, y ni qué decir de las flores, porque nunca nadie me ha mandado flores. Entonces entro a la etapa de decepción, y pienso cosas como que si él fuera para mi, se daría cuenta de que lo necesito. Que quizá no son mensajes ni dulces ni post-its ni flores, que quizá con un abrazo me regresa la paz. El caso es que yo creo que soy un ente extraño, alguien demasiado complicado porque nunca nadie cumple mis expectativas, por más tontas que sean. De verdad soy tan difícil?... de verdad exijo tanto, está tan cabrón tenerme contenta?... Sé que tengo mis ratos, pero también sé que doy mucho, a veces todo y la mayoría de las veces más de lo que debería. Es chistoso como la gente me sigue decepcionando y yo sigo creyendo, una y otra y otra vez...

Así estuve hoy, esperando todo el día el detalle, el abrazo que nunca llegó. Sé que no soy el centro del universo y que los demás también tienen sus broncas, pero otro de mis errores es poner a esa persona primero que todo y que nada y creer que él va a hacer lo mismo conmigo. Porque yo soy de las ridículas que se ha salido del trabajo cuando el novio se siente mal para llevarle el pastel que le gusta. Soy de las que tengo que encontrar el regalo perfecto para el cumpleaños, no importa si no existe en México. De las que deja un café y un dulce en su lugar en la mañana antes de que él llegue, de las idiotas que dejan todo y a todos para pasar un rato con él, aunque no hagamos nada interesante...
Yo la verdad, ya no espero lo mismo, sólo un poquito de vuelta. Da coraje y tristeza ver que a veces no es así, que tengo que llegar al punto de no poderme aguantar las ganas de llorar para que él medio reaccione.
Y luego, la historia de mi vida: siempre ha de llegar un punto en el que ya no es coraje ni tristeza, sino pura flojera. Y luego nada, nada de nada. Y entonces es cuando me llaman, cuando me llegan los mensajitos, los te extraños, los dame otra oportunidad. Todos tuvieron muchas, sólo que no las vieron. Así es siempre. Todo me llega tarde.
Se acaba, por fin, este puto jueves. Él no baja y yo estoy a punto de irme. Una oportunidad más, a éste todavía le quedan varias. No me dejes irme a mi casa con todo esto cargando, no sabes en todo lo que se puede transformar antes de abrir la puerta. Acuérdate, o estupendamente bien o asquerosamente mal, o eres todo o no eres nada. Para mi, desgraciadamente, no hay puntos medios.

Aquí sigo, diez minutos más.

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